Confesiones de una serie adicta parte I

Un puzzle. Sí. Un puzzle representa lo que es para mi una serie. 

Cuando empezamos un puzzle somos conscientes de cuál es el fin: que todas las piezas encajen. Y todas irán encontrando su hueco en el tablero. Cada pieza es importante, su unión con otras nos va dando respuesta, consigue que nuestra curiosidad crezca, que nuestra impaciencia tenga una recompensa.

Cuando empezamos una serie esperamos exactamente lo mismo que de un puzzle: que cada personaje sea una pieza capaz de generarnos intrigas al interactuar con otras. Piezas que nos entretienen, que nos crean adicción.

¿Y qué es lo que hacemos los adictos? ¿Cómo podemos detectar que lo somos?

Somos adictos cuando….

1.- Necesitamos más, no nos conformamos con ver un capítulo y esperar que pasen días hasta el próximo. Casi siempre tenemos el siguiente y si no lo tenemos somos capaces hasta de verlo en chino.

2.- Perdemos la noción del tiempo, lo único importante es ver otro más, tenemos que saber qué va a pasar. Y si para ello perdemos horas de sueño las perdemos con la cabeza bien alta.

3.- Odiamos sobre todas las cosas a los spoilers.

4.- Es imperdonable para nosotros que nuestra pareja ose a ver un capítulo sin nuestro permiso.

5.- Mientras estamos enganchados a una serie comienza en paralelo una importante labor de profunda investigación de nuevas series que ver.

6.- Vivimos condicionados por las temporadas. No hay otoño, primavera, verano o invierno. Hay 1ª, 2ª, 3ª temporada… Y sabemos que muchas son innecesarias pero nos hace feliz leer que los guionistas han firmado una más.

7.- Compartimos con los demás nuestra adición, intentamos captarlos.

8.- Amamos a los protagonistas sean o no malos, nos gustan, les llegamos a comprender.200

9.- En casos extremos puedes llegar a confundir la realidad, asignas personajes a compañeros de trabajo, amigos… Reconocerlo! ¿Quién no ha jugado a quién es quién con los personajes de Juego de Tronos?

10.- Y sufres. Deseas desde el primer día ver el último capítulo pero cuando llega lo pasas mal porque sabes que es el fin. Que no hay más, que tus personajes te abandonan.

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Y para los que estáis en el punto 5 algunas recomendaciones que más adelante detallaré: Orange is the new black, Fargo, House of cards, Homeland (la última temporada sorprende y mucho) o Modern Family.

Pequeños placeres del Invierno

Que nos gusta el buen tiempo a los españoles es indiscutible. En cuanto vemos dos rayos de sol no hay terraza, playa, parque o lugar al aire libre que se nos resista. La lista de planes en primavera/verano es infinita, nuestras agendas se colapsan, hibernamos durante meses para llegar con fuerza a la temporada estival. Y lo damos todo, sí, todo. Nuestras vacaciones finalizan con tristeza. Regresamos al trabajo a regañadientes. ¿Pero nos sucede lo mismo en Invierno? Puede que el primer día de vuelta a la rutina nos cueste, puede que hayamos disfrutado de la familia lo suficiente para esperar un año más pero volvemos descansados y con fuerzas para unos cuantos meses más. Y lo único en común a la vuelta de vacaciones de verano es nuestro bolsillo.

Pero lo que haces con buen tiempo no se disfruta tanto si lo haces en invierno y viceversa. Porque cada estacion (en España vivimos dos estaciones, primavera y otoño son tan fugaces como las estrellas que caen del cielo) se debe disfrutar de forma distinta. Y quiero compartir con vosotros mis pequeños placeres para los meses más frios.

1.- Los protagonistas de la temporada: la manta y el sofá. Nuestras semanas son más llevaderas pensando en el domingo que nos vamos a pasar en posición horizontal.

2.- Las series. Es tiempo de descubrir y engancharse a una.

3.- Los restaurantes. Lugares que valoraremos más en esta temporada, ya sea porque cada vez los hay más acogedores o porque no queremos pisar la calle y empezar a tiritar.

4.- El cine. Al igual que los restaurantes nos dan cobijo durante al menos dos horas y además nos entretienen.

5.- La cocina. Ahora tenemos la oportunidad de crear grandes platos cuyos ingredientes no son ni la lechuga, ni los canónigos o la piña.

6.- Un buen libro. Siempre mucho mejor que una película de fin de semana.

7.- El gimnasio. Se sufre mucho menos sabiendo que tus amigos/as estarán en sus casas porque las terracitas ahora están cerradas.

8.- Las cenas en casa. Ya sean con amigos o familia.

9.- El teatro y los museos. Planes como el cine o el restaurante. Lugares en los que desprendernos de las mil capas de ropa y a la vez disfrutar y culturizarnos que no nos viene mal.

10.- Nuevos hobbies. Estar encerrados nos brinda la oportunidad de ser creativos, de aprender a hacer algo nuevo.

Y aquí mi lista. ¿Cuál es la vuestra? ¿Remolonear en la cama hasta oler la comida en la mesa? ¿Buscar lugares en los que hay la suficiente nieve para hacer al menos una bola? ¿O descubrir paisajes cuya belleza gracias a las bajas temperaturas es insólita?

Las flechas de Cupido

Que sí! Que todos decimos lo mismo. San Valentin es un invento de El Corte Inglés y los Reyes son los padres. Y luego recibimos un regalo y ni lo rechazamos, ni lo aceptamos sin más.

Hubo un tiempo en que éramos jóvenes, ilusos e inexpertos en esto del amor. Un tiempo en que celebrábamos desde el primer mes juntos hasta San Valentín. ¡Pero qué barbaridad! Cómo pudimos pasar por todas esas fases! A mi ahora una amiga me cuenta que está viviendo esas moñadas y la miro raro como poco. Pues no! Basta ya! Celebremos que compartir un trocito de tu vida con alguien que te hace feliz es algo importante, ya sea el 14 de Febrero o el 3 de juliembre. Y no necesitamos una reserva en un pasteloso restaurante o el anillo con más diamantes que exista. Para todo en esta vida hay dosis, dosis de pequeños gestos, dosis de pequeños detalles…porque ya sabéis dosificar es de sabios. Y si hoy te traen el desayuno a la cama, mañana te sacan la mejor de tus sonrisas y pasado simplemente te siguen demostrando que están ahí contigo, cuidándote y apoyando cada uno de tus pasos habrás conseguido que San Valentón exista. Y sí! Serás una moñas más. Pero qué moñas más feliz y envidiada. Porque recordad chicas que ya no tenemos 15 años pero a nuestros casi 30 los añoramos.

Pero si después de todo este discurso pastelón no os he convencido, abrid unas cervezas y brindar conmigo en la distancia por las cosas buenas, que todas tienen un hueco en el corazón y no requieren de flechas lanzadas por un niño con rizos en calzoncillos a modo de pañal.